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Titulares

Massoni leyó mal las elecciones, el Frente de Todos en su peor momento y Torres ante el desafío de evitar la fuga de los votos radicales

Con las PASO ya resueltas, afloran los errores y empiezan a tejerse estrategias para revertir o consolidar las elecciones dependiendo de los candidatos. Todos tienen desafíos enormes y de magnitud de cara a las generales. Algunos quedaron mejor posicionados que otros, pero en noviembre deberán ratificarlo en un escenario nacional de extrema complejidad política y económica.

Durante la semana post PASO ocurrió de todo. Declaraciones, teléfonos al rojo vivo, pase de facturas, desilusiones y hasta operaciones en Buenos Aires para intentar bajar a un candidato del oficialismo provincial con el objetivo de pelearle a Ignacio Torres del PRO mano a mano.

En Chubut Somos Todos, el error político más visible estuvo en cabeza del candidato a senador Federico Massoni.

Massoni de distanció hasta de su propio espacio político, organizó “su propia campaña” intentando mostrar y reflejar “gestión”. Esto no se trata de un análisis o una elucubración, sino que el propio ministro de Seguridad se encargó de repetirlo hasta el hartazgo.

La gestión que intentó exhibir Massoni solo abarcó una de las tantas aristas que preocupa y mucho a la sociedad. Apuntó a los allanamientos, detenciones, combatir el delito, la droga y los robo. En definitiva, apuntó a la inseguridad.

Y la inseguridad es un tema que está en la mesa de los argentinos y los chubutenses, principalmente en las zonas calientes como Trelew, Comodoro Rivadavia y Puerto Madryn, pero nos animamos a arriesgar que hoy no es la principal.

La preocupación más grande que tiene la sociedad está ligada al bolsillo. Los sueldos no cubren la limitadísima lista de obligaciones y urgencias que tienen las familias: Comer y llegar a fin de mes.

En el caso del sector comercial y empresarial, la preocupación medular – para explicarlo en forma sencilla y resumida – es incentivar el consumo, que el Gobierno pague en tiempo y forma los salarios para que eso se derrame en la calle y políticas públicas que logren descomprimir la asfixia impositiva con la que conviven hace años.

El paradigma de décadas anteriores cambió radicalmente. Mientras en los ’90 la clase media era pujante y motorizaba el consumo con los famosos “veranitos económicos” del menemismo que permitían conocer el Vaticano en Roma, París, la pirámides egipcias y Disney, sumado a la compra compulsiva de electrodomésticos, televisores y el cambio del auto una vez por año o, en el peor de los casos, cada dos años, hoy la gente piensa – y lo volvemos a repetir – en dos cosas: Comer y llegar a fin de mes.  

Los viajes al exterior no forman parte del vocabulario de la clase media actual, los valores exorbitantes de los autos 0 km censuran la posibilidad de cambiarlo ya no una vez por año, sino cada tres o mas años.  

Con este paradigma de una clase media golpeada y descuidad gobierno tras gobierno, las obligaciones y urgencias sufrieron modificaciones sustanciales.

Aquí radica uno de los problemas errores de Massoni. Apuntar todos los cañones a la inseguridad no termina de resolver el problema madre de la sociedad.

El candidato a senador de Chubut Somos Todos a penas se limitó a pronunciar fuera de su discurso guionado sobre la inseguridad, el tema de la coparticipación, expresando que iba a ser una de las “madres” de las batallas.  

Federico Massoni en uno de los tantos allanamientos en los que participó durante este año.

El show-time de Massoni en allanamientos, detenciones y combatiendo el delito entretiene a un sector de la sociedad, pero solo por 10 minutos, después de eso vuelve al llano y sus problemas cotidianos.

El ministro no habló de otra cosa más que inseguridad en “su campaña”, algo que conoce y en lo que se siente cómodo. Pero fue solo eso. Nada más. Ni nada menos.

En cambio, el binomio para la diputación compuesto por Fabián Puratich y Vanesa Abril, salieron de su lugar de confort. Visitaron emprendedores, comerciantes, Pymes, empresarios, vecinales, clubes deportivos, culturales y sociales, jóvenes y hasta acompañaron el lanzamiento de un espacio que busca formar a mujeres en política.

Massoni deberá replantearse profundamente su armado de campaña para las generales de noviembre. Pero también tendrá que sortear un escollo más y de mayúscula complejidad: Tratar de romper la lógica de la grieta entre el peronismo y Cambiemos, que se repartieron casi el 70% de los votos en esta elección.

GUERRA DE EGOS EN EL FRENTE DE TODOS

El revés electoral desnudó la pésima relación entre el presidente de la Nación, Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner. En Chubut la situación no es igual, pero parecida.

Siempre fue un secreto a voces que la conducción del Gobierno nacional estuvo bajo el mando de la expresidenta y que en todo este tiempo fue rodeando lentamente al Jefe de Estado.

El caso más visible fue cuando Alberto tuvo que sacar no a una ministra, sino a una amiga y socia como Marcela Losardo para que el control en la cartera de Justicia la tome el camporista Martín Soria.

El Frente de Todos estuvo en jaque esta semana tras perder en las PASO a lo largo y ancho del país. Fue una derrota categórica en la que el único que asumió la responsabilidad en todo el país fue Alberto.

Alberto Fernández saliendo de Casa Rosada en una de las noches donde escaló la crisis política en el Frente de Todos y que paralizó el país.

Como si fuera poco, a horas de haber finalizado las PASO, se desató la guerra interna más grande que afrontó el peronismo en las últimas dos décadas al menos: Se terminó de fracturar la relación entre Alberto y Cristina, el país estuvo parado cuatro días por la implosión y los fusibles fueron algunos ministros.

EGOS, DESCONFIANZA Y EL EFECTO EN CHUBUT

En Chubut, todos se despegaron, salvo Florencia Papaiani, que fue la única que aportó algo de sinceridad y dijo que, al margen de la situación económica nacional, también debían asumir errores en la Provincia y analizar en profundidad en qué fallaron los candidatos al Congreso.

Juan Pablo Luque, Ricardo Sastre, Gustavo Sastre, Carlos Linares y los máximos dirigentes del peronismo en Chubut miraron para arriba: Coincidieron todos que la derrota en la Provincia y en los principales municipios fue por la pandemia, por el escándalo de las vacunas que se cargó a Ginés González García, a la fiesta en Olivos y a otros errores económicos en Nación.

Pero a pesar apuntar hacia arriba, la famosa unidad del Frente de Todos en Chubut también es endeble por estas latitudes y desde esta columna lo hemos advertido más de una vez.

Los egos, los recelos y los intereses políticos existen más allá de la famosa lista de unidad, que dejó afuera en Chubut ni más ni menos que a todo el sector sindical y que también fue analizado por Metadata Noticias.

El eje Comodoro – Puerto Madryn es el que despierta mayores egos y desconfianza. No es casualidad que sean las dos ciudades más pujantes de Chubut gracias al sector privado y las que tienen serias aspiraciones para ocupar el sillón en el que actualmente está sentado Mariano Arcioni.   

Sastre y Luque reconocen el liderazgo del otro, pero la relación es distante. La desconfianza del intendente de Comodoro Rivadavia con el vicegobernador tuvo su primer capítulo con la relación ciclotímica que mantiene Sastre con Arcioni.

Juan Pablo Luque y Ricardo Sastre mantienen una relación de desconfianza mutua.

Además, Luque no tolera a Carlos Eliceche, el principal socio político del vicegobernador.

Por otra parte, desde Puerto Madryn empezaron a ver como una amenaza a Luque cuando el intendente concretó una agenda de reuniones en Buenos Aires que incluyó un encuentro personal con Alberto Fernández. Estuvieron conversando solos y pocos intendentes del país lograron eso. También estuvo con Santiago Cafiero, Martín Guzmán, Gabriel Katopodis, Matías Kulfas y Eduardo “Wado” de Pedro.

En Trelew, la relación entre el madernismo y el mackarthismo está atada con alambre y hubo un parate en los meses electorales, porque previo al armado y al cierre de listas, los concejales que responden a Gustavo Mac Karthy no acompañaron casi ninguno de los proyectos centrales para la gestión.

Las derrotas del peronismo en Trelew y Puerto Madryn fueron categóricas. En Comodoro Rivadavia hubo triunfo de los referentes del Frente de Todos, pero se fugaron una cantidad de votos enormes en comparación con 2019, cuando Linares fue candidato a gobernador y Luque ganó la intendencia.  

En Rawson, el peronismo es igual o menos que un partido vecinal. Terminó cuarto ahora, mientras que en 2019 Damián Biss de la UCR pulverizó a todas las listas que presentó el Frente de Todos, que no fueron menos de cinco.

En Esquel, entre el PRO y la UCR se quedaron con el 55% de los votos. El 45% restante se repartieron entre el Frente de Todos, Chubut Somos Todos, el PICh y la Izquierda.

Fue una paliza electoral que nadie esperaba. No pudieron medir el humor social y menos el hartazgo de la sociedad con el kirchnerismo.

Como anticipó Metadata en exclusiva el viernes, para tomar dimensión de la fuga y la pérdida de confianza, Linares dejó en el camino 40.000 votos entre el 2019 cuando fue candidato a gobernador y perdió frente a Mariano Arcioni y las PASO del domingo pasado en su aspiración al Senado.

Otro dato singular: La militancia y las bases peronistas ya no responden mansamente como años anteriores y un caso emblemático fue el de Comodoro Rivadavia esta semana, cuando un grupo se autoconvocó al edificio del Consejo de Localidad de la ciudad petrolera y criticó a los líderes sin pelos en la lengua.  

Esto no solo pasa en Comodoro Rivadavia. En Trelew y en Puerto Madryn, los barrios populares que históricamente respondían al peronismo y a los actuales intendentes, también enviaron un mensaje el domingo pasado.  

TORRES Y UN GRAN DESAFÍO TRAS LA INTERNA FEROZ CON LA UCR

El gran ganador de las elecciones fue Ignacio Torres y Ana Clara Romero. Dos outsider de la política que se involucraron con la llegada de Mauricio Macri a la presidencia.

El resultado de las PASO ni siquiera pudo haberse pensado en esos sueños perfectos donde toda la historia sale bien.

Fueron los candidatos más votados, sacaron 4.500 votos de distancia frente al peronismo, pero afrontaron una interna sangrienta en términos políticos contra sus socios de la UCR.

Entre el PRO y la UCR sumaron casi 110.000 votos el domingo pasado. Esa cifra hace gobernador a cualquier candidato. Pero la política no es tan lineal y los votos no son transmisibles. Menos en la guerra entre los radicales y el macrismo que se dio en la antesala de la elección.

Torres y Romero tienen un enorme desafío: Contener a la UCR y evitar que se fuguen 45.000 votos. Una tarea compleja, pero que, si desde la alianza lo entienden y lo comprenden, quedarán muy bien posicionados de cara al 2023.

Torres y Manuel Pagliaroni de la UCR se detestan. No hablan entre ellos hace mucho tiempo y encarnaron a horas de las PASO una guerra en donde se tiraron munición gruesa entre ambos.

Se acusaron uno al otro de hacer campaña sucia, de contratar a jefes de campaña que representan una parte oscura de la política, de estar respaldados por el dasnevismo y por exfuncionarios condenados por corrupción y otras tantas cosas más irreproducibles.

Tras las PASO, la dupla ganadora del PRO se reunió con Gustavo Menna para pulir diferencias.

A pesar de que Torres se sentó con Gustavo Menna y Sergio Ongarato con foto incluida, las relaciones no están apaciguadas y será uno de los desafíos que deberá afrontar el PRO de cara a las generales.

Sin esos votos, Torres y Romero no podrían ganar. Por estos motivos, los jóvenes candidatos del partido amarillo deberán limar asperezas con dirigentes e intendentes de la UCR para consolidar el frente y llegar con las mismas posibilidades a las elecciones de noviembre.

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