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Titulares

Maxi Curiqueo: El pibe que quería entrar en el Ejército, buscaba trabajo y le arrebataron la vida

La historia de Maximiliano Curiqueo, un pibe de barrio que buscaba trabajo en Trelew y tenía pensado viajar a Comodoro Rivadavia para intentar, por tercera vez, ingresar al Ejército. El 18 de julio, alrededor de las 4 horas, le quitaron la vida en una pelea que se produjo tras una fiesta clandestina en la que no estuvo.

Maximiliano había ido a buscar a un amigo, y se encontró con un enfrentamiento entre bandas que devino en tragedia. Este jueves, a las 10 horas, los familiares y amigos se movilizarán en Trelew desde la plaza Independencia hasta los tribunales pidiendo “Justicia por Maxi”. El imputado por el crimen, un menor de edad, está detenido con prisión domiciliaria.

La madrugada del domingo 18 de julio se oyó un grito desgarrador en la casa los Curiqueo en Trelew. No era normal que uno de sus amigos apareciera a las 4 horas en la camioneta que el padre le había prestado a Maximiliano. Los hermanos y el padre se levantaron de un salto, presentían que algo malo había pasado.

“Apuñalaron a Maxi”, dijo el amigo que había dejado en marcha la camioneta en la que el joven de 20 años había salido esa noche a ver a una amiga, y terminó apuñalado a la salida de una fiesta clandestina donde no tenía pensado ir. “Lo apuñalaron pero está bien, está consciente”, dijo el amigo que había ido a buscarlos con otra persona que los esperaba en la camioneta.

Los Curiqueo y amigos no tardaron cinco minutos en llegar a la calle Méjico y 25 de Mayo, donde vieron el cuerpo de Maxi y policías que iban y venían. La escena la completan –recuerdan los testigos- enfermeros en ambulancia y patrulleros. Esos cinco minutos decisivos que transcurrieron entre que Maximiliano fue apuñalado y el amigo dio aviso a la familia se pierden en el limbo.

Según información de la causa, Maximiliano Curiqueo recibió un puntazo de un arma blanca en la caja toráxica en una pelea en la calle que tuvo con un menor, un adolescente de 17 años, que la Policía detuvo una semana más tarde después de efectuar varios allanamientos en Trelew.

El juez Sergio Piñeda dispuso que el menor fuera alojado en el Cose, donde permaneció recluido unos tres meses. La decisión se fundó en que el sospechado se había cambiado el color de pelo y había cerrado las redes sociales, entre otras circunstancias que abonaban la posibilidad de que se profugara o entorpeciera la causa, dijeron fuentes judiciales.

La pelea se produjo minutos después de que enfrentaran dos bandos de adolescentes y jóvenes, cuando la Policía ya había suspendido la fiesta clandestina en plena pandemia. Los efectivos cayeron al domicilio alertados por una persona que denunció que alguien había ingresado con un arma blanca, un episodio confuso que no tendría ninguna relación con la muerte.

 ENFRENTAMIENTO Y APEDREADAS

Cuando Maximiliano salió de su casa, la madrugada del 18 de junio, no tenía pensado ir a la fiesta clandestina, sino que fue a ver a su amiga. Al parecer –apuntan desde el entorno-, Maxi recibió el llamado de un amigo unos diez minutos antes de las 4 para que él lo fuera a buscar, cuando la fiesta había terminado, y se estaban peleando entre bandos.

Según fuentes de la causa, se presentó un patrullero en la casa para suspender la fiesta clandestina, que fue apedreado por unos 50 jóvenes y adolescentes. La Policía se habría marchado del lugar después de los incidentes. Maximiliano estacionó la camioneta en Méjico y San Martín al ver que habían arrojado piedras, dijeron desde el entorno de la familia.

A partir de acá los relatos sobre las circunstancias que terminaron con la muerte de Maximiliano, difieren. Las versiones judiciales señalan que una chica del grupo golpeó a su amigo, y esto provocó dos enfrentamientos que se produjeron en forma simultánea: el de Maximiliano contra el acusado –que terminó en la fatalidad-, y el de otros dos chicos que no pasó a mayores.

Una familia ensamblada que busca justicia por el asesinato de Maxi.

La Defensa del acusado sostiene que Maximiliano y el amigo habrían ido a buscarlo para “robarle un celular”, y este se defendió. Desde el entorno de la víctima, cuentan que Maximiliano lo habría derribado dos veces al menor empujándolo, y la segunda vez que se levantó le habría aplicado la puñalada.  Según testigos, el sospechado gritaba “¿saben quién soy yo?”, y repetía su nombre mientras que Maximiliano retrocedía herido por la puñalada.

El 4 de noviembre pasado, el juez Marcelo Nieto di Biase dispuso que el menor acusado por la muerte de Maxi permanezca recluido con prisión domiciliaria debido a que entendió que no había peligro de fuga ni corría riesgo de entorpecer la investigación. Al parecer los testimonios claves para esclarecer el caso ya fueron recabados, y resta una pericia de ADN.

La audiencia se llevó a cabo en una sala pequeña en los tribunales de Trelew, donde los familiares de la víctima y del acusado no pudieron ingresar debido a los protocolos vigentes del Covid-19. Esto provocó malestar sobre todo entre los familiares de Maximiliano, ya que querían contarle al juez de garantías quién era la víctima.

Según fuentes judiciales, el detenido, de 17 años, no tiene tobillera electrónica debido a que no hay suficientes disponibles.

“LA CASA QUE SOÑAMOS”

Nadie en la familia Curiqueo sabía que Maximiliano, que en agosto iba a cumplir 21 años, se había acercado a hablar con un pastor de una Iglesia junto con su amiga. Maxi decía a sus íntimos que sentía “un vacío que solo podía llenarlo Dios”.

El Día de la Madre los hermanos acostumbran a hacerle un asado a su mamá, Sandra Lobos. El último domingo de octubre se vivió diferente en la casa de los Curiqueo: “creó un vacío tremendo de alguien que jamás se nos cruzó que no iba a estar más”, dijeron sus allegados.

Maxi en uno de sus cumpleaños. La familia exige justicia.

Los Curiqueo crecieron en una casa de chapa y vieron cómo su madre y su padre trabajaron toda la vida para conseguir levantar una vivienda de material. Los hermanos formaron una familia y construyeron sus casas en el mismo terreno.

Maximiliano tenía su lugar ahí en ese terreno, y estaba buscando un trabajo estable que le permitiera algún día cumplir el sueño de tener una “casa con piscina” para sus padres y sus hermanos. 

Quizá por eso Maxi se había acercado a la Iglesia con su amiga. “De la mano de Dios vamos a tener la casa que soñamos”, cuentan que le decía a sus amigos y familiares cada vez que flaqueaba la fe.

 LA VOCACIÓN MILITAR

Maximiliano tenía planeado viajar a Comodoro Rivadavia entre agosto y septiembre para hacer un nuevo intento por ingresar al Ejército. Ya lo había intentado cuando tenía 17 años, y unos años después pero no pudo lograrlo.

La primera vez no pasó el examen porque estaba excedido de peso, pero no se dio por vencido. Desde ese momento, comenzó a entrenar fuerte y se fijó una rutina estricta: se levantaba a las 7 horas, y salía a correr por el Tiro Federal, las chacras y el Puente Hendre.

En su círculo íntimo creen que Maximiliano quería ser militar porque quería tener un orden en la vida, una salida laboral y una estabilidad económica que aun no encontraba. Cuando no se levantaba a entrenar, Maxi salía a buscar trabajo: hizo intentos por tener un contrato en la Municipalidad, dejó currículum en varios sindicatos, y no perdía las esperanzas de ingresar a la Cooperativa Eléctrica.

Cuando se puso en forma, después de una rutina exigente, Maximiliano hizo el segundo intento por ingresar al Ejército en Comodoro Rivadavia, pero lo rechazaron porque tenía caries en sus muelas. Maximiliano fue al dentista, se arregló las caries y tenía pensado volver a intentarlo en estos meses con la convicción de que esta vez sí iba a lograrlo.

Los hermanos dejaron de visitar el puente Hendre, las chacras y los lugares donde solían pasar las tardes y se cruzaban a Maxi entrenando o andando en bicicleta. “Hay un lugar donde siempre lo veíamos corriendo, y ahora nos pone triste y no vamos más”, cuenta un familiar.

“Gracias hermano por lo que hacés por mí, por llevarme hasta Comodoro”, fueron las últimas palabras que muchos familiares todavía recuerdan de Maximiliano, que abrigaba la esperanza de entrar al Ejército al momento en que le arrebataron la vida.

“Para mi está de viaje y siento que mañana va a llegar”, cuenta un familiar que todavía recuerda verlos a Maximiliano y al imputado jugando al fútbol en Villarino, cuando eran niños -los separaban tres años-, y aún se pregunta si se habrán reconocido diez años después esa madrugada fatal.

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