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Titulares

METADATA EN PRIMERA PERSONA

Lázaro Ortega Lara, de la Cuba revolucionaria de Fidel Castro y el vínculo con Silvio Rodríguez, a las neurociencias en Trelew

Lázaro Ortega Lara, quien eligió quedarse a vivir en Trelew, pertenece a una de las primeras camadas de médicos cubanos especialistas en neurociencias que consiguieron permiso para del país durante el régimen comunista de Fidel Castro, a comienzos de la década del `90, cuando las relaciones de la isla con la Unión Soviética cambiaron en la Perestroika.

Nacido en 1966 –el año en que mataron al Che Guevara-, Ortega Lara creció con las esperanzas de la Revolución Cubana, vio cómo el pueblo se entusiasmaba con las ideas de Fidel Castro, “molestaba” al cantautor Silvio Rodríguez en el barrio cuando era niño, se codeó con las jerarquías del Partido de la Revolución y fue testigo de los primeros signos de la caída del régimen comunista tras el derrumbamiento de la URSS.

Lázaro Ortega Lara tenía todas las condiciones para convertirse en un ciclista de alto rendimiento, pero no pudo desarrollarse porque en la escuela le tocó “un director comunista al mango que no dejaba salir a nadie y tuve que estudiar”, se ríe. El primo, Pedro Lázaro, fue por muchos años el capitán de la selección cubana de fútbol.

Especialista en traumatología y rehabilitación del instituto Arcuba, Ortega Lara se instaló primero en Rawson y luego en Trelew en 1993, y realizó tres derivaciones de pacientes chubutenses a la isla, que le bastaron para obtener el permiso para quedarse en la Argentina.  

“Volé a la Argentina en un DS 10 de Cubana Aviación en primera clase con un gran empresario argentino, Juan Carlos Negrini, de Agrometal de Córdoba, y una artista de televisión cubana”, recuerda.

Ortega Lara trabajaba en el Centro Internacional de Restauración Neurológica Médica de La Habana; su suegra era la secretaria del presidente del partido Plaza de la Revolución, un cargo equivalente al del gobernador de la provincia. En la isla pudo charlar unos minutos con Fidel Castro, con quien se fotografió, hasta que una avalancha de médicos lo hizo a un lado.

DE LA HABANA A TRELEW

El centro médico de La Habana envió a Ortega Lara a Rawson a continuar con la rehabilitación de un paciente, con la idea de que se quedara entre tres y seis meses, y luego regresara a la isla.  “En ese tiempo en Cuba empezaron a dejar salir a los profesionales, no dejaban salir a nadie; se fueron colegas a Venezuela, Brasil, Italia, por todo el mundo”, señala.

Ortega Lara no conocía Chubut cuando llegó a Buenos Aires, una tarde calurosa de diciembre de 1993. Recién había terminado de hacer la especialización, y, en ese momento, seguramente no imaginaba que se iba a quedar a vivir en Trelew.

“Me pidieron volver, pero determiné que no iba a hacerlo. Fui a la embajada de Cuba a hacer mi primer trámite consular y me encuentro con el director de Servicios Médicos de Cuba, que tenía la oficina en la Compañía Cubana Aérea de Aviación que funcionaba en Maipú en el cuarto piso en Capital Federal”.

Uno de sus colegas que vino a Chubut decidió regresar a Cuba. El médico de 27 años estaba decidido a quedarse a vivir en la Argentina; pudo llegar a un acuerdo por el cual él derivaría pacientes chubutenses a la isla, y a cambio el régimen le otorgaba un permiso especial para entrar y salir de Cuba cuando quisiera. “Me dijeron hacé derivaciones a Cuba; me dieron la folletería, la publicidad e hice solamente tres derivaciones”, comenta.

Al parecer los pacientes pedían ayuda económica a organismos del gobierno del Chubut para poder atenderse en Cuba, y esto generó algunos contratiempos con las autoridades que hicieron que el proyecto no prosperase.

EL CHE Y LA REVOLUCIÓN

Ortega Lara cuenta que proviene de una familia de clase media humilde. La educación gratuita del régimen de Fidel Castro le permitió posicionarse entre los mejores especialistas en neurociencias, cuando la isla se encontraba varios pasos adelante respecto del resto de los países latinoamericanos.

“Una de las cosas buenas es que con el triunfo de la Revolución la educación mejoró muchísimo. En Cuba hubo un salto bastante alto en cuanto al estudio que era gratuito, estaba subsidiado por el gobierno, no tenías que pagar nada, todas las clases sociales tenían derecho a la educación”, destaca.

En su infancia Ortega Lara miraba soldados rusos en la televisión, consumía productos con marcas de la URSS y repetía “seremos como el Che” cuando saludaba a la bandera con sus compañeros de colegio.

“Todos los estudiantes de primaria tienen una consigna creada por la Revolución, cuando saludábamos a la bandera teníamos que decir pioneros por el Comunismo, y había que repetir seremos como el Che. El Che Guevara es un ejemplo muy bien visto; te lo inculcaban desde que eras estudiante de la primaria”.

 El abuelo de Ortega Lara, de la rama del padre, era un terrateniente de la Sierra Maestra “muy amigo del comandante Juan Almeida Bosque”, quien luchó a la par de los hermanos Fidel y Raúl Castro contra la dictadura de Fulgencio Batista.

El médico, que creció con el apogeo de la Revolución, repara en que la Cuba de Fidel Castro había generado grandes esperanzas que no se concretaron. “En ese tiempo se veía distinto a Fidel Castro, venían con unas ideas enormes. Uno pensaba acá nos vamos para arriba. Si comparo cuando empezó la Revolución a cuando me vine para acá cambió muchísimo, pero tuvo sus cosas buenas”, asegura.

Ortega Lara recuerda que todavía en los años ´80 en Cuba había expectativas hasta que sobrevino el derrumbamiento de la Unión Soviética, de la que dependían económicamente. “Todo lo que entraba era de la URSS. En 1986 todavía estaba re bueno: nos daban becas, las universidades estaban bien”, sostiene.

DEL BARRIO DE SILVIO RODRIGUEZ

Ortega Lara tiene algo más en común con Silvio Rodríguez que haber nacido el mismo día y ser de Sagitario. Las familias de él y la suya son del mismo barrio en San Antonio, un pueblito ubicado a 16 kilómetros de La Habana.

“Nos criamos juntos en el barrio con el primo de Silvio Rodríguez, entraba a casa y me sacaba cagando porque le interrumpíamos la conversación, nosotros lo jodíamos. Desde siempre iba a San Antonio porque él tenía a la familia ahí”, recuerda.

La hija del cantautor cubano estudiaba en el secundario con su hermana, y de ahí nació el vínculo estrecho con su familia.“ A Silvio Rodríguez lo veía todos los domingos en la casa de mi tía, porque venía a traer la hija a la secundaria que estudiaba con mi hermano. Viene de una familia de cantantes, la tía de él era muy amiga de mi mamá, y también cantaba”, concluye. 

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