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Titulares

LA COLUMNA DE METADATA

Alimentarse en la Patagonia es una proeza: La plata alcanza cada vez menos, todo cuesta un poco más y la encrucijada salarial para el Gobierno de Chubut

La inflación volvió a golpear duro los bolsillos de los argentinos. Marzo era un mes aislado por el comienzo de las clases. Sin embargo, abril no dio respiro. La plata alcanza cada vez menos y en la Patagonia, todo cuesta un poco más. Incertidumbre, una espiral ascendente que no se detiene y la encrucijada del Gobierno del Chubut.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) en la región Patagónica durante abril arrojó un incremento promedio del 5,9%. En marzo había perforado la barrera del 7% y marcó un récord de esos que duelen y golpean fuerte.

Hace más de una década que Argentina no le encuentra la vuelta a esta patología endémica. Pasaron diferentes gobiernos y la situación siempre fue un poco peor en materia de suba de precios.

Pero ese incremento duele más aún cuando se trata del impacto en las principales necesidades, como alimentos, bebidas, indumentaria, calzado, salud, transporte y educación, entre los principales segmentos.  

Explicar los motivos de por qué los diferentes gobiernos no pueden frenar la inflación es una tarea con un grado de complejidad extremo. Hay tantas soluciones como economistas. Todos tienen la fórmula, pero nadie dio en el blanco.

Incapacidad de la dirigencia política, viveza de los empresarios, picardía de los intermediarios y un extenso abanico más de irracionalidades que tienen un común denominador: cada vez cuesta más llegar a fin de mes y la pobreza se convierte en un neologismo de moda.

Pasaron Hernán Lorenzino, Axel Kicillof, Alfonso Prat Gay, Nicolás Dujovne, Luis Caputo, Hernán Lacunza y Martín Guzmán. Diferentes universidades y escuelas. Diferentes paradigmas y enfoques. Mismo resultado.

Las medidas también fueron de las más variadas: Precios cuidados, control de precios, monitoreo de la cadena que nace desde el productor, pasa por un intermediario y termina en el supermercado o almacén, pesificación o dolarización, Fondo Monetario Internacional, emisión monetaria y otros tantos conceptos que suenan técnicamente lindos, pero que no provocaron ningún impacto para frenar la suba de precios.

La única verdad, es la realidad, decía Juan Domingo Perón emulando al famoso y prestigioso filósofo de la antigua Grecia, Aristóteles, y que en la era moderna también la hiciera propia el filósofo y científico prusiano, Immanuel Kant.

Hoy ir a la góndola puede sintetizarse en un famoso emoji muy utilizado en WhatsApp y en las redes sociales que muestra a un hombre o a una mujer agarrándose la cabeza. Es eso. Increíble e incomprensible.

PRECIO POR PRECIO, LOS ALIMENTOS EN LA PATAGONIA

Los precios al consumidor de una determinada selección de alimentos, bebidas y otros artículos termina de sintetizar las dificultades que atraviesa una familia en la actualidad para poder alimentarse dignamente.

A esto se le suma que el nivel de vida en la Patagonia es más elevado que otras regiones del país. Si bien un sector reducido de las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego tienen salarios por encima de otras zonas de Argentina, lo cierto es que la gran porción de asalariados son docentes, policías y trabajadores estatales y, en este segmento, la variación de los sueldos es ínfima. 

A modo de ejemplo, la harina de trigo común, el arroz blanco, los fideos guiseros, la carne picada común, el sachet de leche de un litro, el kilo de papa, el azúcar y el detergente líquido, son más caros en la Patagonia que en el Gran Buenos Aires y en las regiones Pampeana, Noroeste y Cuyo.

La carne picada común, un producto básico y de los cortes más baratos en este rubro, tiene un costo de $ 834 el kilo en la Patagonia, mientras que en el resto de las regiones del país no llega a los $ 700, siendo el noroeste la zona más próxima en cuanto al precio con $ 693 el kilogramo. En el Gran Buenos Aires, por ejemplo, el valor es de $ 614.

Gran parte de los productos cuestan más caros en la región Patagónica en comparación con el resto del país.

Otro caso emblemático es el detergente líquido, un producto de uso cotidiano en el quehacer diario de una vivienda: En la Patagonia registró un valor promedio durante abril de $ 244,97 el recipiente de 750 cc.

En el Gran Buenos Aires, ese mismo producto vale $ 139,97; en la región Pampeana el costo es de $ 148,82; en el Noreste registra el precio más bajo del país con $ 136,36; en el Noroeste trepó a $ 143,06; y en Cuyo ascendió a $ 150,14.

El kilo de papa marcó un costo promedio de $ 94,06, frente a los $ 68,20 de Gran Buenos Aires; $ 67,61 en la zona Pampeana; $ 71,58 en el Noreste; $ 58,47 en el Noroeste; y $ 69,48 en Cuyo.

El sachet de leche también es más caro en la Patagonia: $ 143,75 el litro, frente a $ 117,50 en el Gran Buenos Aires.

Los fideos secos tipo guisero tienen un costo promedio en la Patagonia de $ 113,28, frente a los $ 100,91 de Gran Buenos Aires; $ 100,19 en la región Pampeana; $ 87,45 en la zona del Noreste; $ 87,11 en el Noroeste; y $ 100,05 en Cuyo.

El arroz blanco también tiene un costo más elevado en las provincias que integran la región Patagónica: $ 155,33, mientras que el resto de las zonas del país tiene un precio que oscila entre los $ 127,08 y los $ 151,23.

Llegar a fin de mes en Argentina es todo un desafío. Llegar a fin de mes en la Patagonia, es una proeza.

LA ENCRUCIJADA PARA EL GOBIERNO DE CHUBUT

La Inflación genera un efecto dominó sobre un universo colosal de variables: La pobreza, los salarios, la recaudación, los impuestos, la devaluación de la moneda, los alquileres, los alimentos, la ropa, el calzado, los servicios públicos. Y podríamos enumerar decenas de cambios e impactos que genera la inflación.

Para sostener el nivel de vida con los índices inflacionarios que tiene Argentina es necesario establecer pautas de crecimiento en sintonía con este índice que golpea a diario a todos. Por ejemplo, los salarios.

Y aquí los gobiernos provinciales deber sumergirse en una encrucijada: ¿Cómo elevar o costear los salarios para que, por lo menos, vaya a la par de la inflación?

En contraposición a la diversidad, pluralidad y heterogeneidad de paradigmas que hay para combatir la inflación, la de aumentar los salarios para que no pierdan contra la inflación tiene una sola arista bien definida: Subir los impuestos.

La última reunión del 10 de mayo entre el Gobierno del Chubut y los gremios estatales.

La única manera de palear aumentos salariales para que la inflación genere el menor deterioro imposible en los sueldos es por vía de la recaudación. Y para robustecer los ingresos con el fin de subir los haberes, no hay otra forma más que incrementar los impuestos, tasas, gravámenes y toda presión impositiva que pagan los contribuyentes.

Aquí, es donde nace la encrucijada de los gobiernos provinciales, que sin tener incidencia en los niveles inflacionarios, tienen que salir del esquema de “equilibrio financiero” – que suena más lindo -, o “ajuste” – que es una mala palabra – que “implora” y “pregona” Nación a todas las jurisdicciones.

Los pronósticos y vaticinios para este 2022 reflejan que la inflación será, por lo menos, del 60%. Los primeros cuatro meses del año pulverizaron las simulaciones que realizó el ministro de Economía, Martín Guzmán, quien en el presupuesto 2022 había establecido una inflación del 35 por ciento.

Pero como la inflación es constante desde hace años, los aumentos que deberán otorgar los gobiernos provinciales ya no sobre sueldos de $ 40.000 o $ 50.000, sino sobre un salario promedio que ronda entre los $ 90.000 y $ 120.000.

En la provincia del Chubut, por ejemplo, fuentes del Ministerio de Economía confirmaron a Metadata que el sueldo promedio contabilizando los tres poderes del Estado, ronda en los $ 145.000.

¿Y cuánto necesita una familia de cuatro integrantes para no ser pobres? ¿Y para ser parte de la pulverizada clase media?

Para no estar por debajo de la línea de la pobreza, hoy se necesitan casi $ 100.000 por mes, contabilizando la inflación del mes de abril que recientemente dio a conocer el INDEC.

Para ser clase media, una familia de cuatro integrantes necesita por lo menos $ 132.000 mensuales. Parece incomprensible que la diferencia de apenas $ 32.000 separen no ser pobre de ser clase media.

Esta situación inunda y sumerge a los gobiernos provinciales en un terreno escabroso, complejo, delicado y que requiere hacer “malabarismo económico”, el mismo escenario que afrontan las personas para llegar a fin de mes.

En esta última semana, el gabinete del gobernador Mariano Arcioni se sentó con los gremios para discutir la pauta salarial del segundo semestre. El ofrecimiento fue del 15% en tres cuotas. Los sindicatos rechazaron la oferta en forma inmediata y categórica.

El discurso del Gobierno fue que el aumento otorgado con este ofrecimiento del 15% terminará significando un acumulado anual del 79%.

El Gobierno del Chubut ingresó en una senda superavitaria desde hace unos meses como anticipó Metadata en exclusiva.

El factor inflación preocupa en el búnker de Economía que lidera Oscar Antonena, aunque hay dos premisas que, por ahora, parecen innegociables: No ofrecer aumentos que sumerjan nuevamente las finanzas de Chubut y sostener el gran esfuerzo que demandó llegar a una situación de equilibrio fiscal.

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